El poder detenernos, darnos cuenta de lo que tenemos y dar las gracias por ello es una virtud que es posible fomentar en nuestros hijos desde pequeños. Hoy te compartimos 5 maneras de hacerlo de forma natural y recurrente.

Si en medio de toda nuestra rutina y movimiento de pronto hiciéramos una pausa en nuestras vidas y miráramos a nuestro alrededor, seguro podríamos detectar distintas cosas por las que podemos sentirnos agradecidos. Cosas que a veces son imperceptibles o damos por sentado, que al momento de reconocer como lo que realmente son y lo que nos dan se transforman en una forma de hacernos sentir afortunados y alegres en el día a día.

Es bueno poder practicar la gratitud y poder hacerlo en familia, enseñándole a nuestros hijos a hacer lo mismo, convirtiéndose así en un hábito beneficioso y positivo que les ayude a ver lo más grande en lo más pequeño.

Pero aunque todo esto puede sonar muy lindo en papel, el poder llevarlo a cabo, sobretodo con niños, puede sentirse como un reto. Por fortuna existen distintas pequeñas acciones que se pueden practicar todos los días para entrenar el músculo del agradecimiento, y hacer que dar las gracias nos salga de forma mucho más natural y fácil no solo hoy, también el día de mañana. Hoy te compartimos cuatro acciones puntuales:

1.- Enséñales la importancia

Lo primero que hay que hacer es entender porqué es importante ser agradecidos. La gratitud es el poder decir gracias por los beneficios recibidos. El poder dar las gracias hace mucho por ti abriéndote los ojos sobre todo lo que recibes es inspirándote a dar de regreso, y teniendo un impacto positivo en tu salud, tus relaciones, tu sentido de comunidad. Además, el poder dar gracias crea una atmósfera mucho más amable y agradable en casa, contagiando a todos con una actitud buena onda.

2.- Tengan claro que es una decisión

El tener una actitud positiva y ganas de ver lo bueno aún dentro de lo malo es una decisión que es necesario tomar deliberada y conscientemente. Ayudémosle a nuestros pequeños a afrontar las dificultades de la vida con ánimo, viendo las oportunidades y dando gracias por lo que aprendimos al caer. El poder ser agradecidos es una opción que vale la pena tomar.

3.- Practica y vuelve a practicar

No hay situación demasiado pequeña para no practicar el agradecimiento. Enseñémosle a nuestros niños con el ejemplo a dar las gracias todos los días por las acciones cotidianas que entre nosotros hacemos y que otros hacen por nosotros. Si alguien nos ayudó con las bolsas del súper, si nos abrieron la puerta para pasar, si nos trajeron la cuenta o si un hermanito nos pasó el cepillo de dientes: “gracias”. Decirlo es un acto de reconocimiento para la persona que llevó a cabo la acción pero también nos beneficia a nosotros y nos conecta a ambas partes en una dinámica positiva que motiva a más buenas y solidarias acciones. Verás que dar las gracias con gusto muy pronto se vuelve un hábito en casa.

4.- Menos quejas más agradecimiento

Quejarnos es una acción que nos quita mucha energía y tampoco nos hace sentir súper bien. ¿Qué tal si en casa todos pasaran un día completo sin quejarse una sola vez? ¿Qué pasaría? Lleven a cabo este experimento con el que se darán cuenta de lo mucho que nos quita el quejarnos. En su lugar, deja que cada noche tus niños y tú, de forma personal, enumeren tres cosas que los hicieron sentir agradecidos durante el día. Verán que siempre, aún en los días pesados, hay algo bueno que pasó y que vale la pena compartir.

Y ustedes, ¿de qué otra forma practican el agradecimiento en casa? ¡Cuéntanos, queremos leerte y conocerte!